WordCamp Zaragoza 2019 – Una experiencia inolvidable

WordCamp Zaragoza 2019

El fin de semana del 26 y 27 de enero, ha tenido lugar el primer gran evento en WordPress del año. Se trata de la WordCamp Zaragoza. En este caso la he vivido como voluntario, ayudando a los organizadores para que todo saliese a pedir de boca. Pasa, que te cuento la experiencia.

El viernes 25, a las 16:35 de la tarde, aproximadamente, llegaba a Atocha (Madrid) para coger el AVE que me llevaría hasta Zaragoza para disfutar y vivir de primera mano su WordCamp.

Foto de grupo de WCZaragoza

Nada más llegar a la estación de Madrid, me bajé del cercanías que me llevó hasta allí un poco desorientado, pues era la primera vez que cogía un tren y no sabía hacia donde dirigirme. Después de mirar hacia ambos lados del andén, decidí hacer lo que hubiese hecho cualquiera en mi situación: seguir a la multitud.

Ya dentro del vestíbulo de la estación de Atocha, busqué la vía a la que tenía que ir para coger el AVE. He de decir que me costó un poco, pues yo estaba intentando encontrar en las pantallas que hay allí, el nombre de la estación que aparecía en mi billete (Zaragoza – Delicias). Gracias a la ayuda del personal de allí, aprendí que para saber a qué vía hay que dirigirse, hay que mirar buscar por el número que aparece en el billete junto a la palabra «AVE».

Billete del AVE

Una vez que había pasado por el control de equipajes, fui hacia la vía 4. Ahora, llegaba el segundo reto: Encontrar el vagón en el que me tenía que subir (sí, para algunas cosas sigo siendo un cateto de pueblo). Eso me costó un poco menos, ya que cuando fui a subirme al primer vagón que encontré, vino un empleado del tren corriendo, cogió mi billete y me dijo: «Tú estás en el coche 6, eso es casi al final». A lo que yo le pregunté: «¿Y dónde pone el número del coche?». Y me respondió: «En esta pantalla de aquí», señalando una pantallita que había junto a la puerta del vagón.

Ya dentro del vagón, y con el equipaje puesto en su sitio, me acomodé en mi asiento y disfruté del paisaje durante la hora y media que duró el viaje.

Mi llegada a Zaragoza

Ya en suelo maño, saqué mi móvil para avisar a los compañeros de la WordCamp, y buscar en mi GPS el edificio Etopía, donde se encontraban todos con los últimos preparativos para el gran día.

Al salir a la calle, tuve la sensación de haber vuelto a casa. Y no lo digo solo por la amabilidad de la gente de allí, sino por el viento que hacía: desde que me fuí de mi pueblo, Carchuna, no había vuelto a ver unas rachas tan fuertes. Sin embargo, eso no me hizo decaer. Estaba ilusionado por estar allí.

Con la ¿ayuda? del GPS, y pese a que me hizo dar una vuelta innecesaria, llegué a Etopía. Al entrar, vi a un montón de gente, pero ninguna cara conocida. Me dirigí hacia una muchacha de pelo corto y platino (Priscilla Bocage) y le dije «Hola, soy Juan Manuel Civico, ¿dónde puedo dejar mis cosas y en qué puedo ayudar?». Ella, con un poco de prisa, me respondió: «Déjalas allí al final de la sala y… no sé, la verdad es que ya lo tenemos todo hecho, pregúntale a César (Frisa) a ver».

Ayudando con los últimos preparativos

César es de esas personas que nada más conocerlas te transmiten confianza y buen rollo. Después de presentarme, me dijo que me bebiese una Coca Cola y que comiese algo para reponerme del viaje, y que echase una mano para terminar de preparar las bolsas que se entregarían al día siguiente a los asistentes a la WordCamp.

Mientras doblaba camisetas, conocí a Emelina Chavarria y Anabel Pérez. La primera, una chica de Nicaragua que trabaja en una tienda de muebles con la gestión de las Redes Sociales. Anabel, con un poco más de experiencia, lleva una vida dedicada a la fotografía (de hecho, una de sus labores como voluntaria fue esa misma, la de echar fotos de todo).

También tuve la ocasión de encontrarme con Jose Luis Losada, al que tuve la ocasión de conocer en la WordCamp de Granada 2018. Me estuvo explicando todas las WordCamps en las que había estado, como voluntario, en el año anterior.

Cuando acabamos de preparar las bolsas de regalo, los organizadores nos estuvieron enseñando el edificio, para que supiésemos donde se iban a celebrar las distintas ponencias. Durante la visita, pude reencontrarme de nuevo con Diego Esteban, quien me reconoció de mi ponencia en WordCamp Granada.

Cena de ponentes, voluntarios, patrocinadores y organizadores

Se acercaban las 21:00 de la noche y, como es tradición en cualquier WordCamp, la organización nos había preparado una cena. Yo aún tenía que pasar por mi hotel a dejar la maleta, así que Alfredo Piqueras, me hizo el favor de llevarme para que no se me hiciese tarde.

De camino al hotel San Jorge, vi sitios preciosos de Zaragoza, como la Basílica del Pilar, el casco histórico y el río Ebro (famoso por su inmenso caudal).

Al llegar al restaurante, tuve la ocasión de saludar a dos personas que admiro mucho: Ana Cirujano y Pablo Moratinos. También coincidí con Ibon Azkoitia, Fernando Tellado, Juanma Aranda y Dani Serrano.

Con estos dos últimos, compartí mesa junto con Oscar Abad, Héctor Asensio, Alejandro Gil (o AG como le llamo de cachondeo por una broma que empezamos en Twitter), Fernando García Rebolledo, Anabel Pérez y Alba Sevillano.

La cena se celebró en un lugar emblemático de Zaragoza, el restaurante Aura, desde el que se podía ver el Ebro y la Basílica. Hablamos y reímos durante todo el tiempo que duró. Pero al día siguiente había que madrugar, así que sobre las 23:00 aproximadamente, me despedí y me fui al hotel a descansar.

Comienza la acción

Eran las 6:45 de la mañana cuando sonó el despertador. Después de remolonear un poco en la cama, me levanté, aseé, vestí y salí para Etopía. Como no sabía qué autobús tenía que coger, me ayudé del GPS, el cual me hizo dar otra revuelta (se ve que es costumbre en él). Llegué al edificio a las 8:00, media hora antes de que comenzase la jornada.

JuanMa de voluntario

Acreditaciones / entrega de bolsas

Allí estaban ya muchos de mis compañeros. Miré el planing para ver qué tarea tenía asignada a esa hora, y vi que me tocaba en «Entrega de bolsas», así que hacia allí me dirigí. El trabajo consistía en entregar la bolsa de regalo a todos los asistentes, además de dar su acreditación a los ponentes.

En esta tarea coincidí con Chabi Angulo (quien me prometió que me iba a dar un abrazo cuando me conociese en persona, y cumplió su palabra) y Ricardo de Miguel. También estaban allí Fernando G. Rebolledo y Emelina Chavarria. Entre todos, nos encargamos de que todos los asistentes tuviesen su pequeño obsequio por su asistencia a la WordCamp.

Conectores

La siguiente tarea que me tocó hacer fue la de «Conector». No, no pienses que me utilizaron de enchufe para nada. Consistía en captar a personas que estuviesen solas (sin hablar con nadie) y presentarles a alguien con quien pudiesen hacer algún tipo de sinergia. Y yo, que no tengo pelos en la lengua, me dediqué a hablar con casi todo el mundo durante el desayuno.

Les preguntaba sus nombres, a qué se dedicaban, si eran de Zaragoza, si era su primera WordCamp,… ¡Vamos! Me convertí en un relaciones públicas en toda regla.

De pronto, me llama Priscilla y me dice: «JuanMa, recuérdale a la gente lo del sorteo». El sorteo, era una estrategia que habían inventado los organizadores para que la gente hiciese networking entre ellos. En cada bolsa, habían metido cuatro piezas iguales de un puzzle. La cosa es que había que buscar las tres piezas que te faltaban, las cuales tendría. Una vez completado el puzzle, había que rellenar un papel con tu nombre y echarlo en una caja de cartón urna. Al final del día, se decidiría quien se llevaba el premio (un Wapuu hecho a mano con ganchillo por cortesía de Patricia Baraja).

La labor de conector la tuve que desarrollar durante todos los descansos. Y yo encantado. Estaba en mi salsa. Gracias a ello conocí a gente tan fantástica como Nía Gómez o David Lou (quien resultó ser mi alma gemela en el concurso de GoDaddy).

Micrófono

Después del desayuno y de recoger un poco con la ayuda del resto de compañeros, me tocó ser el micrófono en las charlas de Mauricio Gelves (a quien di un fuerte abrazo cuando lo vi) y Juanka Díaz. Este trabajo consistía en pasar el micrófono, al finalizar la ponencia, para que los asistentes pudiesen preguntar sus dudas (o hacer sus sugerencias) al ponente.

Como era un trabajo que solo se desempeñaba al final de la charla, mientras transcurrían las mismas, ayudé al técnico de grabación con la cámara (así que si ves algún fallo en esas ponencias, ya sabes de quien es la culpa (del técnico, por dejarme la cámara)).

La labor de micrófono también la tuve que desempeñar en las charlas de Nahuai Badiola y Marta Torre (quien se estrenó como ponente en WordCamp).

Sombra

La primera vez que escuché la definición de este puesto, recuerdo que me partí de risa. Y no porque me parezca gracioso. Fue en WordCamp Granada 2018, cuando se acercó Sacra Jáimez a decirme que era la mía, y Miguel Ángel Terrón que andaba por allí me dijo: «Tío, ganas más en sombra que en persona».

Si eres la sombra de alguien, te encargas de que el ponente tiene todo lo que necesita para dar su charla (equipo, enchufes, pilas en las petacas de los micrófonos, agua,…). También es el responsable de presentar al ponente y de indicarle el tiempo que le queda para finalizar la ponencia.

Tuve el placer de ser la sombra del gran Fernando Puente (en una charla en la que aprendí mucho. Gracias Fernando), y de Berta Guzmán de la Mata (que también se estrenaba como ponente en WordCamp).

Otras tareas

Además de las que ya te he mencionado, como voluntario también tuve que ayudar a preparar la comida, limpiar las mesas y el suelo, vigilar,…

Después de unas palabras de Alejandro Gil, de entregar los premios a los ganadores de los concursos, de salir todos al escenario (orgullosos por la labor que habíamos hecho) y de que los organizadores de WordCamp Madrid hablasen sobre el evento, sacamos refrescos, cerveza y comida (mucha comida) para abrir boca para el After Party.

Todos juntos en el escenario

Del After Party te va a tener que hablar otro, ya que yo preferí descansar para el día siguiente.

El día de la comunidad

El domingo teníamos que estar en Etopía a las 9:45 de la mañana (45 minutos antes de que se abriesen las puertas). Entre Jefferson Mora, Raana Heyrati, Chabi Angulo y yo barrimos y fregamos el suelo.

Chabi Angulo sacando la basura

Mientras tanto, otros compañeros se encargaron de colocar las mesas, los carteles,…

A las 11:00 dio comienzo el Contributor Day. Cada uno de los responsables de cada mesa, se presentaron y dijeron lo que se iba a hacer. Una vez explicado todo, nos repartimos entre las distintas mesas de trabajo.

Yo, como ya he participado en otras ocasiones en la traducción de plugins, me fui a esa mesa, la cual estaba a cargo de Fernando Tellado. Fernando, enseñó a los que estaban allí como registrarse en WordPress.org y unirse al canal de Slack de WordPress España. También tradujimos algunas cadenas para que la gente viese como se hacía.

Me hubiese gustado ir también a la mesa de WordPress TV, la cual estaba al cargo de Mauricio Gelves, pero no dio tiempo.

Para finalizar, se hizo un recuento de todo lo que se había hecho en cada mesa y nos fuimos a comer. Como a las 15:00 nos teníamos que marchar, porque cerraban el edificio, empezamos a despedirnos entre risas y abrazos. También aprovechamos para coger comida de la que había sobrado. Yo me llevé una pizza que me sirvió para comer el lunes.

Regreso a Madrid

A las 19:00 tenía que coger el AVE que me traería de vuelta a Madrid. La experiencia de regreso, en cuanto a billetes, andenes y vagones, fue mejor que para la ida.

Sin embargo, el hecho de viajar con una pizza, causó algunas bromas y risas (bien merecidas) entre los empleados de Renfe.

Regreso a Madrid

Sobre las 20:30 llegaba a la estación de Atocha, desde la cual había comenzado mi aventura.

Menciones

A lo largo del artículo, he mencionado situaciones en las que me encontré o conocí a alguien. Sin embargo, ha habido gente a la que aún no había mencionado (uno no puede acordarse de todo al final). Esas personas son:

Es cierto que eché de menos a algunos de mis compañeros de WPGranada, pero bueno, seguro que nos encontramos en otra WordCamp.

Conclusiones

Con esta, ya son tres las WordCamps a las que asisto. La primera fue la WordCamp Chiclana 2017, a la que fui como asistente, sin saber que era todo eso de la comunidad de WordPress. La segunda WordCamp fue la de Granada 2018, donde pude ser ponente. Y a esta, como voluntario.

He estado en tres WordCamps distintas, con tres roles distintos. Como asistente, disfrutas de las ponencias, sin ningún tipo de responsabilidad. Siendo ponente, eres un asistente más, solo que con un «ratito de gloria» cuando das tu charla. Y siendo voluntario, no ves tantas ponencias como te gustaría, pero hablas con todo el mundo y tienes el privilegio de ver como funciona todo desde dentro.

Sea como sea, te animo a que vayas a todas las WordCamps que puedas, pues te aseguro que cada una de ellas es una experiencia única que jamás olvidarás.

La próxima es en Las Palmas de Gran Canaria la semana que viene (esta me la tengo que perder por falta de tiempo) y la siguiente en Madrid, los días 6 y 7 de abril. ¿Nos vemos por allí?